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La muerte como homenaje a lo natural.

Debemos rendir homenaje a estos pobladores verdes, que viven en tierra, en las aguas continentales y el mar. El Reino Vegetal tiene una increíble inteligencia ya que gracias a las plantas tenemos continuidad en la eterna fertilidad del planeta Vida.

El mundo vegetal, a pesar de nuestro desprecio, sigue siendo generoso y nos da vida gracias a la transpiración de cada árbol, al oxígeno fabricado por cada planta, a las hojas verdes comestibles, los frutos y todo lo que nos dan como alimentos saludables.

Para los súbditos del reino vegetal, la fertilidad del suelo es esencial. En agradecimiento deberíamos donarles nuestra fertilidad terminado el ciclo vital del cuerpo humano efímero.

Si la imagen icónica de descansar mientras estamos vivos es estar bajo la sombra de un árbol, como bien representa el ideograma chino del concepto “descansar”, así lo argumenta el naturalista Joaquín Araujo, pues descansar para siempre descomponiéndonos, debería ser en el regazo de las raíces de un árbol.

Este planeta necesita serenidad, que nuestros muertos descansen en paz, que nuestras aspiraciones estén llenas de transparencia, de vivacidad, de simplicidad, de lentitud, de levedad, de sentido común; en definitiva, que la vida no siga perdiendo enteros,

Nuestro mejor regalo al planeta que nos acoge es que nuestra muerte sea convertida en más Vida. El sector funerario actual debería impulsar un nuevo concepto de cementerio más natural en todos los sentidos. En definitiva, otra forma de entender la gestión de los cadáveres humanos.

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